domingo, 31 de octubre de 2010

NICARAGUA

Llegando a la frontera Costa Rica-Nicaragua, marzo 2010

Entre despedidas y preparativos descansamos muy poco pero logramos largarnos a la ruta otra vez y escapar del encanto maternal y protector de Ana.
Paramos a pocos kilómetros, en Irigaray, en casa de Sandra y su familia. Gente muy amable y generosa. Comimos por primera vez jabalí entre las historias de caza que Johny contaba apasionado y...nos sometimos -por respeto y con esfuerzo- a escuchar y ver las escenas capturadas por el celular de este cazador furtivo.
Ese día descansamos y nos alimentamos con los abundantes regalos de la pulpera.

Predijeron tramos muy largos de desierto y animales salvajes capaces de devorarnos al paso ... el parque nacional Santa Rosa se pintaba tenebroso...pero...no vimos ni leones ni jabalíes enloquecidos ni monstruos hambrientos ni desiertos...Cuando quisimos acordar ya casi estábamos en la frontera. El paisaje era refrescante, maravilloso, descansamos bajo los mangos y nos bañamos en un ojo de agua que la familia de Marcela gentilmente nos cedió. Esa noche disfrutamos de una familia algo introvertida pero tan generosa como las anteriores, con la mano extendida y un plato de arroz y frijoles que ofrecer.



Estábamos listos para pasar la frontera. Cargamos nuestro ser de paciencia para enfrentar los engorrosos, burocráticos y comerciales trámites limítrofes. Por sorpresa no fue tan pesado como esperábamos y seguimos viaje -no sin pagar dólares acá y dólares allá en concepto de...quién sabe qué... 



NICARAGUA (de marzo a septiembre del 2010)



Frontera Costa Rica- Nicaragua

 

Ingresar en un nuevo país renueva, emociona, alienta y enorgullece.

Nicaragua se nos presentaba agresiva y cargada de los temores y fantasmas que sus vecinos alimentan a la distacia, muchas veces sin haber cruzado, siquiera, la frontera.A pocas pedaleladas de la línea imaginaria nos recibió un militar fuertemente armado. El contraste fue impactante ya que de un país sin ejército pasamos a otro que vivió una guerra que duró más de 10 años. Entre revolución y contrarevolución finalizó apenas en el '90, por lo que las marcas existen y están frescas todavía en testimonios desgarradores y naturalizados. 

 

 

El paisaje cambió visiblemente: la pobreza se hacía presente. Casitas de barro, pisos de tierra, cocinas de fogón, pozos de agua compartidos, escuzados...

A los pocos minutos, antes de llegar a Zapoá, un saludo amable desde uno de los ranchos nos atrajo por lo musical y desenfadado: “¡¡Oooohhhhiiiiooooooo!!”.

Nos acercamos para hacer las preguntas de rigor que nos ayudan siempre a abrir el diálogo y una familia numerosa salió a nuestro encuentro con sillas y vasos de agua para aliviar a viajeros sedientos. Conversamos con doña Juana y su familia, y experimentamos pequeñas y pintorescas escenas de la vida cotidiana.

Pasamos la noche en un patio prolijo, acariciado cada media hora por escobas de ramas secas, gastado ya de tanto barrido. Mientras armábamos la tienda ,doña Juana se acercó lamentándose porque no podía darnos abrigo en el interior de su casa: eran 16 los habitantes y ocupaban el piso de toda la vivienda para dormir. La época de lluvia había comenzado y ella no había dejado de rezar para pedirle a su Dios que no tirara agua del cielo al menos por esa noche, por compasión hacia sus huéspedes.

El intercambio fue muy rico: pasamos la noche conversando a la débil luz de las linternas y más que preguntas compartieron con nosotros las respetuosas conclusiones a las que habían llegado luego de observar y analizar en familia nuestro estilo de vida. Pensaban que tenían poco, pero se dieron cuenta que tenían muchas cosas a las que no estaban dispuestos a renunciar y creo que las valoraron aún más.

Juana es una mujer guerrera, fuerte a pesar de su avanzada edad, decidida, trabajadora, sabia, generosa. Tanto acaricia la cabeza de un nieto como agarra la pala para preparar un patio de tierra que debe resistir las próximas lluvias, o enfrenta como una leona a un marido alcohólico que llega a la casa con amigos tan borrachos como él. Protege la calma y la armonía de ese espacio que tanto les ha costado conseguir y en el que reina de manera indiscutida.

Nahuel se divirtió con grandes y chicos y por primera vez experimentó el despego: regaló uno de sus muñecos, no sin esfuerzo, pero sí con éxito.

 

Casa de Juana
Zaraí y Aelx, nietos de Juana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rivas

Rumbo a Rivas

A la mañana siguiente seguimos camino para Rivas. Una ciudad desprolija que se percibía agresiva, tal vez por el mismo descuido. En estos casos recurrimos a los bomberos: nos aceptaron de manera inmediata pero sin pronunciar palabra ni mirarnos a los ojos. A pesar de la incomodidad que eso nos generaba, entendimos que habíamos penetrado en un mundo con otros códigos que debíamos aprender a comprender y manejar.

Hacía mucho calor. La fauna del cuartel nos resultó bastante extraña, huraña y perezosa: varios pibes pasaban sus horas ahí sin hacer otra cosa que mirar una programación ochentosa de tv yanqui, tomar Coca Cola y atender el teléfono. Había una competencia y rudeza machista que fotaba en el aire. Luciano era desafiado en silencio y Nahuel y yo directamente ignorados.

El estado del cuartel era lamentable: humedad por donde se mirara, goteras que armaban charcos de agua (y que no salían de las mangueras), acumulación de chatarra... El comandante, un personaje particular al que le encantaba hablar, sobre todo, acerca de sí mismo y de sus 50 años de servicio voluntario, fue hospitalario, nos sentimos bien recibidos por él (aunque su marcado apoyo a Pinochet tensaba considerablemente las conversaciones, causándonos una fuerte e incómoda impresión). Aunque estaba fuera del servicio activo, nos pareció lo más cercano a un bombero (léase “voluntario”, “servicial”, “solidario” y todo eso que se espera de un “bombero voluntario”, concepto que daba la impresión de estar algo trastocado en ese lugar). 

 

 


Isla de Ometepe

Sobre la lancha, hacia Ometepe

Seguimos rumbo a la isla de Ometepe. Llegamos a Moyogalpa, pitoresca y turística. 

Casa de Marta, Ometepe

La policía nos pareció amable, nos ayudó a instalarnos en el patio de la casa de unos vecinos que depositaron absoluta confianza en nosotros. Al día siguiente seguimos recorriendo la isla. 

No dejábamos de sorprendernos por la simpatía generalizada: cada persona que cruzábamos nos saludaba con una sornisa en los labios. Fue un respiro de aire fresco, nos conquistaron, y hubiésemos seguido andando y saludando sólo para recibir y dar sonrisas. No hemos experimentado nada similar hasta el momento.

 

El paisaje de Ometepe es hermoso, la única ruta que recorre la isla invita al pedaleo. Tiene dos volcanes, sólo conocimos los alrededores del volcán Cocepción; el otro volcán, el Maderas, es el preferido por el turismo y por eso se nos hizo menos atractivo. 

 



Por otro lado, como el barco que nos llevaría a Granada salía sólo dos veces por semana, y dado el poco dinero con el que contábamos y las nulas posibilidades de trabajo que la isla nos ofrecía, decidimos seguir viaje sin visitarlo.

 

En uno de los descansos compartimos la sombra de un árbol con Yeni. Sin dudarlo nos invitó a su casa a pasar la noche y descansar. Para Yeni cualquier negativa significa desprecio, de modo que la seguimos a pesar de que no habíamos pensado en interrumpir el pedaleo en ese momento.

Casa de Yeni

Esta generosa mujer vivía con su esposo y cuatro hijos en un gran terreno invadido por mosquitas molestas que se metían en la boca, las orejas, los ojos y cuanto orificio libre encontraban. Nos divertimos disputádonos la cocina con pollos y gallinas, gatos y gatitos, chanchos y chanchitos...todos buscaban comida y dormían dentro. 

Para pasar al escusado había que saltar 3 enormes chanchos remolones que se revolcaban todo el día en el patio lodoso y una vez instalados en él, se disfrutaba de una amplia vista a cielo abierto ya que no tenía ni techo ni cuarta pared.

Nunca olvidaba Yeni de ofrecer un plato generoso de sopa caliente o pescado frito o gallo pinto. Nahuel, como siempre fue el primer beneficiado, mimado por todos y con dos compañeros de juego incondicionales: los hijos menores de Yeni, con quienes se divertía revolcándose en el patio de tierra, corriendo entre plátanos secos y disfrazando a los pollitos que ni atinaban a piar.

 

Yeni y sus hijos menores

Costó decidirse a partir porque, como antes dije, cualquier negativa era interpretada como desprecio: no sólo insistía en que nos quedáramos más tiempo sino que nos había cedido una parte del terreno para levantar una casa o establecernos por el tiempo que dispusiéramos. Lo que tuviera a la mano, Yeni nos lo iba a dar. Pero los planes eran otros: había que continuar.

En la finca "Nuestros pequeños hermanos"

No quisimos prolongar la estadía porque ya habíamos comprobado que no era lugar para adecuado para nuestro trabajo. Acostumbrados a recibir, nadie se interesaba en actividades artísticas remuneradas. Recorrimos tanto instituciones religiosas privadas como instituciones púbicas, sus autoridades se mostraban encantadas hasta que les explicábamos que queríamos hacerlo a cambio de algo, aunque más no sea alimento y hospedaje por el tiempo que durara la actividad. Ahí surgían todo tipo de excusas y de pronto no había responsable como para resolver (responsable innecesario para aceptar el laburo gratuito pero indispensable para gestionar 2 platos de arroz...). Acudimos a escuelas públicas temerosas, burocráticas y perezosas; al organismo de cultura de la isla, a cuyo responsable le interesaban nuestras actividades siempre y cuando no tuviera demasiado para hacer; al Hogar Nuestros pequeños hermanos (institución privada y religiosa), que aunque cuenta con generosa cantidad de hectáreas, ganado, una iglesia de lujo, es sostenida económicamente desde el extranjero y sus autoridades se pasearon en lujosas camionetas 4x4 ante nuestros ojos, se escondieron vilmente tras el slogan “un hogar de niños huérfanos y pobres” que imposibilitaba el intercambio del espectáculo por tres platos de comida y un pequeño lugar en medio de sus exageradas hectáreas por una noche.

El factor común fue claramente el desinterés cultural y una conducta marcadamente asistencialista ante la presencia del extranjero, quien según ellos siempre tiene dinero y tiene casi la obligación de dar. Pero nosotros no dábamos con ese perfil y estábamos empezando a ajustarnos el cinturón...

Aceptamos un acuerdo para nada gratificante con una escuela que nos negó alimento y amparo y ...nos pagó 3 dólares la función... Pero como allí asistían los hijos de Yeni estábamos decididos a hacerlo, pensando sólo en esa familia y en la ilusión que los pequeños tenían de ver lo que haríamos. Nahuel estaba muy excitado ante la cantidad de niños entre quienes era centro, fue paseado por todos lados y antes de comenzar ya estaba totalmente sudado y sucio de tanto jugar y revocarse por el suelo. 

Montamos la función con el amor de siempre y disfrutamos hermosamente de la frescura, la alegría y la emoción de esos chavalitos. Al terminar saludamos respetuosamente a las autoridades que brillaron por su ausencia durante la actividad, demostrando su grado de interés cultural y educativo y tuvimos que soportar que nos irrespetaran diciéndonos :“A nosotros no nos significa nada -se quedaron con la mitad de lo recaudado-, lo hicimos como un favor”. Aunque era obvio, quedó en evidencia que su interés estuvo sometido desde el inicio a las posibilidades de recaudación material, nada significó, claro está, la riqueza espiritual y cultural de al función.

Inmediatamente después salimos rumbo a Granada.

En el puerto empezaron los malos tratos por parte de la empresa naviera pero pudimos olvidarlos un poco gracias a la generosidad de la gente común: el dueño del mini kiosco de la entrada al puerto nos cedió su fogón para cocinar mientras miraba tele con Nahuel sobre la falda, otro hombre nos regaló 5 plátanos y un chico apareció de no sé dónde con un tazón con frijoles y huevos duros...nos resolvieron la cena e hicieron que la amargura por la estafa de la empresa naviera valiera la pena.

 


Granada.

 

 

Esta ciudad encanta con sus casas coloniales y coloridos. 

Daba gusto pasear por la calle siempre que se evitara el caos y la suciedad del mercado. Desayunamos junto al río y nos dirigimos a la “Casa de botellas” o “Escuela de mimo y comedia” pero no pudimos instalarnos ahí así que pasamos los dos primeros días en el cuartel de bomberos.

La impresión del lugar fue la misma que la del cuartel de Rivas, con la excepción que fuimos recibidos por un bombero ebrio que se mostró muy interesado en nosotros, aunque a partir del día siguiente pasamos a ser algo así como invisibles para este hombre que ni el buen día ya nos dirigiría. El más confundido era Nahuel, claro está, pero lo olvidó rápidamente corriendo a los pollos que se escapaban del gallinero junto al que habíamos hecho campamento.

Casa de botellas

Después de dos días llegamos a la Escuela de Mimo y Comedia. Teníamos muchas espectativas artísticas y personales que lamentablemente no fueron satisfechas. Durante los casi 15 días de estadía no los vimos trabajar ni ensayar ni logramos dar talleres ni hacer ningún otro tipo de intercambio con ellos. 

Cuando comprendimos cómo funcionaban las cosas allí dentro, nos limitamos a disfrutar de la paz, la amplitud del espacio y descansar antes de la próxima pedaleada. Nahuel estaba encantado jugando entre las matas y con los niños que solían acercarse a participar de actividades recreativas. 

Nos fuimos agradecidos por el hospedaje y por los ricos platos de comida que nos dieron generosamente cada día, lamentando que la experiencia a nivel artístico y humano haya sido tan pobre, pero contentos de habernos encontrado con Jorge Batres, un guatemalteco que habíamos conocido en Costa Rica y que nos hizo muy grata la estadía.

Antes de salir rumbo a Masaya pasamos una noche con Clara y Alain, dos franceses encantadores que contactamos, lamentablemente, ya tarde. Con ellos pasamos momentos muy cálidos que compensaron generosamente nuestra experiencia reciente.

 


Masaya

Taxi

Salimos rumbo a Masaya a pesar de la amenaza de lluvia. El viaje fue muy tranquilo, desde la entrada a Nicaragua era todo muy plano y la pedaleada se había vuelto muy fluída. Llegamos antes de lo pensado. 

Clase de tiramisú con Andrea

Hicimos tiempo (ya que a nadie le gusta que lo molesten un domingo por la mañana) y llamamos finalmente a casa de los Relajo. Almudena vino a buscarnos en bici y su simpatía y calidez nos hizo sentir en casa. Ese día compartimos con todos comidas y charlas y sentimos que habían depositado en nosotros una confianza ciega. Los chicos de la Relajo de Masaya tienen una actividad importante, y como en esos días estaban sobrecargados de trabajo y viajes, no pudimos compartir actividades pero sí la intimidad del hogar. Especialmente con Andrea Calvi y su pequeño hijo Wanky, con quienes pasamos momentos muy divertidos. 

Con Wanky

 

Nahuel encontró a dos amigos que, a pesar de tener edades bien diferentes, se emparejaban en el momento del juego. 

En Masaya conocimos a Los Miguelitos, un espacio donde niños y adolescentes de bajos recursos comparten inquietudes artísticas y artesanales que se convertirán en futuras salidas laborales. Con quienes organizamos talleres literarios y descubrimos talentos para la escritura.

 

 

Managua

Llegamos a la hora pico, como a las 8 de la mañana (el peor horario para intentar entrar en cualquier capital, lo sabemos). El tráfico era horrible y las bicis mágicamente se volvieron invisibles para todo el mundo _o no tan mágicamente, hemos comprobado en reiteradas ocasiones que son también invisibles incluso para muchos de los peatones. Hubo que avanzar con firmeza y miles de ojos activados para cuidar todos los güines. En Managua se maneja muy mal y la cantidad de automóviles es excesiva, todo vale, se trata de llegar primero sin importar el costo.

Debido a la anarquía en las calles, decidimos no utilizar las bicis en esta ciudad y nos sometimos al bestial trato de los buses.

Después de estudiar un poco su “lógica”, como también las de las bucetas (microbús, combi), descubrimos que, aunque no parezca, tienen sus propias reglas: como pertenecen a particulares, hay que subir pasajeros a toda costa, de modo que eso explica que los ayudantes (siempre hay un chofer y alguien que se encarga de arriar personas) tomen a los pasajeros del brazo o los empujen por la espalda y /o les manoteen el bolso que lleven para obligarlos a subir.

Definición de “pasajero”: toda persona o ser que se le parezca que está parada en el área cercana al cordón de la vereda, no importa el lugar, todo sitio cercano a la acera es una parada de bus en potencia.

No importa si su destino (el del bus o buceta) y el del pasajero coinciden, tampoco es importante que haya lugar adentro (no hay tiempo para detenerse a pensar esas cosas, el tiempo de los ayudantes es siempre mucho más valioso que el tuyo). Ni se te ocurra reclamar nada (porque te cobran de más por ser “gringo”, o porque no te ceden el lugar aunque es evidente que no te alcanzan la manos para agarrarte de algún lado y mantenerte en pie sosteniendo un niño en brazos o porque pedís un asiento para un viejo que no sabe cómo mantenerse parado antes las frenadas y aceleres de estos ...¿conductores?...).

Los vehículos son buses escolares que los gringos han sacado de circulación, el que puede adquirirlos ya tiene su propia empresa. Rogá que no se funda el motor o se quede sin gasolina antes de que llegues a destino porque no hay nadie a quien reclamarle nada...Vas a tener que bajarte donde te hayas quedado y ¡arreglátelas como puedas!. Dentro de los buses no hay solidaridad ni nada que se le parezca.


Tuvimos la inmensa dicha de ser alojados fuera de la locura de la capital, de modo que a menos que fuera absolutamente necesario, no nos movíamos de la tranquilidad de la casa de la familia de Norman García Aguilar, a quien conocimos por mail a través de un contacto. 
 

con Norman y Dahyann
Desde el primer intercambio con Norman, antes de vernos en persona, ya nos estaba ofreciendo su amistad y apoyo a manos llenas, luego se convertiría en una de las personas que más queremos en Nicaragua. En se casa tuvimos variadas experiencias de las que aprendimos bastante, ya que nos topamos con mucha gente diversa, con mundos y pensamientos muy diferentes a los nuestros. En esa casa aprendimos a conocer a los y las nicaragüenses en varios de sus aspectos y, sin salir de ahí y en base a muchos de los testimonios que recolectamos, pudimos montar la primera obra de Teatro foro.

tía Mani
Viviendo con esta generosa familia tuvimos la visita de la tía “Mani”, mi hermana. Fue emocionante poder compartir con ella después de tantos meses algunas de nuestras experiencias, y más emocionante aún fue presenciar el reencuentro de Nahuel con una de sus tías. Tuvimos la dicha de disfrutar de Vani un mes. El tiempo no bastó para contarle mil cosas ni para compartir mates y aprendizajes ni para demostrarle lo lindo que era poder hacer juntos ese tramo del camino... 
Despidiendo a la tía en el aeropuerto
Vani regresó a Argentina y a partir de ese día, para Nahuel se transformó en algo así como una existencia con alas y con motor: siempre que habla de ella la ve volando por algún lado, con frecuencia la visita en Nicaragua, la piensa sobre muchos de los aviones que atraviesan el cielo y lo mejor: cuenta que una de las cosas que a su tía le gusta hacer es volar con “el hombre fuerte” o con Papus, dos de sus amigos invisibles alados...


con los hijos y el hermanito de Gaby
En uno de los talleres que dimos conocimos a nuestra próxima anfitriona en Managua: Gabriela Rivera. Gaby se atrevió a compartir con nosotros la intimidad de su hogar y su familia en momentos muy difíciles para ella y sus hijos. Nahuel estuvo feliz allí ya que convivimos con niños y una abuela, Margarita, vivíamos frente a un parque que visitábamos todos los días, donde íbamos a entrenar, y miraba todos los días televisión...demasiada televisión. En contacto con esta familia conocimos un poco más a fondo algunas estructuras en este país, sus costumbres y sus pensamientos.

Siempre que convivimos con familias donde hay niños aprovechamos para establecer parámetros de comparación que por otro lado son ineludibles, ya que la gente misma empieza a cuestionarnos y/o compararnos con sus formas de educar. Aprovechamos esa “confrontación” para juzgarnos un poco como padres, reconocer lo que a nuestro juicio son aciertos y/ o desaciertos, reflexionar, analizar y conocer y comprender las formas de la otra cultura.

Venancias
Estando en Managua fuimos a visitar por trabajo Matagalpa, Jinotega y León, ciudades que nos gustaron mucho y donde conocimos gente maravillosa. En Matagalpa compartimos mucho con Carola Brantome, Paz Arauz, Genny Gonzalez, Noelia, Edurne, Julia y Marivi, entre otras mujeres que forman parte de las Venancias, en el Centro Cultural Guanuca. Ese lugar fue como otro hogar para nosotros, nos recibieron siempre con cariño y nos abrieron las puertas dándonos la oportunidad de compartir parte de lo que hacemos. 
El espacio cultural que ofrecen es muy valorado por nosotros ya que fue uno de los pocos lugares por los que transitamos en Nicaragua donde vimos que el dinero que se recibe del exterior es realmente depositado en el arte y en las actividades que allí se realizan. 

con Vani, mateando en el Guanuca


Vimos un lugar activo y comprometido, en el que durante los días de semana se trabaja en relación a la mujer y todos los fines de semana hay actividades culturales abiertas a la comunidad y gratuitas que apreciar como cine , teatro, música, etc. El respeto al artista y la valoración de su trabajo se siente y se ve, y la hospitalidad es evidente. Este Centro Cultural trabaja en serio y eso es algo que siempre vamos a agradecer y apoyar.
De regreso a Managua, luego de las últimas funciones y talleres en Matagalpa tuve laberintitis, que es una infección al oído medio cuyo origen no se conoce muy bien. Todo empezó de repente, una mañana no pude levantarme de la cama porque el mareo me tiraba de espaldas otra vez. Acostada incluso todo me daba vueltas. Fue complicado ya que la falta de equilibrio me imposibilitó hacer cualquier cosa que no fuera estar acostada y con los ojos cerrados. De a poco fue pasando, aunque los mareos y la inestabilidad persistían. Después de conjeturas desacertadas (anemia, estrés, etc) , di con un médico argentino radicado en Managua que me diagnosticó laberintitis y me explicó lo que ahora sé. Lo combatí con las pastillas para mareos que se recetan durante los embarazos y gingo biloba. Logré recuperarme aunque unos de mis oídos quedó un poco afectado.
A causa de este estado era imposible para mí subir a la bici, de modo que Irina, una amiga que hicimos en el mismo taller donde habíamos conocido a Gabriela, muy amablemente nos acercó en camioneta hasta León, donde estaban esperándonos otros dos ángeles del camino: Rakel y Félix.

León
Esta es una ciudad muy bella y tranquila. Llegamos a la casa donde Félix Pérez y Rakel Cortines nos abrirían las puertas y nos colmarían de alegría y amistad. La casa se nos presentó muy hospitalaria, como sus habitantes, disfrutamos a más no poder de la generosidad del limonero que nos regalaba sus frutos, incansable. El calor no dejaba hacer mucho, y al mediodía, cuando el sol caía de lleno sobre el techo de chapa no quedaba otra que tirarse en la hamaca de cara al ventilador. 
  
Rakel y Félix
Nahuel feliz, renovado, como en cada cambio de espacio. La situación nos permitió, felizmente, ajustar algunas reglas de convivencia con el pequeño. A veces, en determinadas condiciones o formas personales de las familias con las que vivimos, hay ciertos aspectos de la educación de nuestro hijo que se tornan difíciles de mantener y nos vemos en la obligación de ceder a pesar de nuestros criterios. Nahuel estableció códigos con Rakel y Félix rápidamente. Nos dimos cuenta que también entre ellos y nosotros se manejaban los mismos códigos con respecto a Nahuel, de modo que hubo un agradecimiento inmediato de nuestra parte por su respeto y por permitirnos recuperar la libertad en ese aspecto.
el barrio

escena de la vida cotidiana

Era el segundo día sin mareos cuando en medio de un paseo con Nahuel empecé a sentir que una sensación extraña me invadía el cuerpo, cada vez me costaba más tenerme en pie. El regreso a la casa se transformó en una carrera contra el tiempo para ganarle al avance de esa corriente extraña. Siguieron días de mucha fiebre, dolores insoportables de cabeza, debilitamiento, inapetencia, cansancio y...dengue.

Ese mismo día había ido al hospital, la espera fue intolerable, no podía tenerme en pie, Luciano se había quedado con Nahuel porque prohíben la entrada a los niños. Mi mal estado era evidente, había pacientes que pedían que me atendieran, esperé durante horas con la frente pegada a la puerta vaivén del consultorio así, cada vez que la puerta se abría clavaba mis ojos, suplicando, en los de los doctores aunque fue en vano. Ya no tenía fuerzas para luchar contra la indiferencia de los médicos, por lo que me metí a la fuerza ahí dentro y un inepto, después de sostener un diálogo como:
_¿Le duele la garganta?
_No.
_¿Tiene una sensación amarga al tragar?
_No.
_¿Le duele cuando traga?
_¡NO!
_¿Tiene ganglios inflamados?
_¡NOO!
Diagnóstico:
_Usted tiene AMIGDALITIS.

Salí incrédula, desalentada, impotente, sólo pensando en las ganas que tenía de estar acostada y fuera de ese horrible lugar.
Afortunadamente y como siempre, hay algún ángel cuidándonos las espaldas. Esta vez el ángel se llamaba Silvia Espinoza, vecina y doctora. Me adoptó y empezó a controlarme de cerca. Al hacerme la prueba de lo que parecía seguro, me salieron manchas moradas. Me subió a un taxi que ella misma pagó y me llevó directo al hospital. Saltó todos los pasos burocráticos e insanos para meterme directo a internación bajo el diagnóstico de dengue hemorrágico. Me pusieron un catéter y a esperar. Siguieron miles de análisis de sangre pero la peor tortura fue la que me aplicaron los interminables desfiles de estudiantes cargados con sus cuestionarios inconsistentes y reiterativos...No todo podía ser perfecto, de hecho lo no era: había caído en un hospital escuela..
¿Qué significado tiene que así sea? Intentaré resumir: estudiantes inexpertos, miedosos y poco hábiles perforándote las venas (o buscándolas con la aguja que es peor), tirando su gracia trasera y los libros sobre tu cama, despertándote a cualquier hora para preguntarte siempre lo mismo: nombre, nacionalidad, sexo, edad, síntomas, fecha de menstruación, menopausia, religión y tantas estupideces más que no llevaban a nada. Varias veces sugerí: “Ya me hicieron 10 veces las mismas preguntas, no se las podés pedir a un compañero?”. Tirada en la camilla, débil, mareada, con el catéter puesto, el suero inyectado y menstruando como estaba tuve que soportar que dieran una clase de dengue alrededor de mi cama, hasta yo sabía responder mejor que algunos...Me dí cuenta que los enfermos éramos menos que cuerpos disecados, hablaban de nosotros como si no estuviéramos presentes o como si nos diera lo mismo escuchar uno u otro diagnóstico, nos trataban con tanta indiferencia y poco respeto que más de una vez me dieron ganas de sacarlos a todos a patadas. No por mí, ya que me sentía tranquila y segura de que saldría adelante (tal vez por la ignorancia que detecté en más de uno que me hacía no creer en nada de lo que me dijeran, sólo me concentraba en aumentar mis plaquetas cada día), sino por tanta gente que estaba realmente mal, sola, con incertidumbre y temor, totalmente entregada, sin el coraje para cuestionar ni preguntar nada.
Lo que me llevo de ese hospital, además de esa experiencia que ahora me hace sonreír por caótica y ...¿latinoamericana?, es la imagen de un hospital invadido de cucarachas que intentaban apoderarse de mi cama cada vez que me levantaba al baño (me contaron que en una donación de la facultad de medicina vino una plaga que jamás pudieron erradicar...), cantidad de mujeres que hablaban sin parar acerca de sus trágicas vidas privadas y las dolencias que estuvieron a punto de llevarlas a la muerte (cosa que le levantaría el ánimo a cualquier enfermo), la imagen de la peor comida de hospital con la que me he topado (tuve que justificarme con un estúpido “Ya cené, gracias” ante la pregunta más estúpida aún de una enfermera “¿Por qué no comió?”), la soberbia de los doctores (excepto de Silvia, a quien no le encontré comparación ahí dentro), una sala y pasillos abarrotados de camas y enfermos, altares a la virgen en cada piso que me provocaban inquietud más que tranquilidad, el recuerdo de una mujer que estaba a la pesca del enfermo desamparado para relatarle los salmos y el génesis completo del Evangelio a los gritos. Me llevo el ridículo recuerdo del interminable cuestionario de admisión que debió responder Luciano entre cuyas preguntas figuraban “¿La fecha exacta de su primera menstruación? ¿La fecha de su primera relación sexual?”, el diálogo insólito que una estudiante me obligó a mantener cuando a su pregunta de “¿Religión? le respondí “Ninguna”...tuve que admitir, después de un largo cuestionario tendencioso, que creía en Dios y en su misericordia para que me dejara descansar en paz. Me llevo la sensación de mis ansiosas esperas por las brevísimas visitas de Luciano y mis deseos locos de salir de ese lugar y de abrazar a Nahuel.
Silvia y Andy
Regresé a la casa feliz aunque muy débil. Extrañé horrores a Nahuel, fue la primera vez que dormí separada de él. Siguieron días de poco reposo a pesar de los regaños de Silvia pero me recuperé. A los pocos días cayó enfermo Félix, luego Rakel y cuando ellos estaban saliendo...Luciano, aunque felizmente no fue necesario que fuera internado. León estaba con el hospital y los centros de salud colapsados, había una epidemia muy mal tratada por las autoridades ya que venían a fumigar sólo a la vivienda afectada después de reportado el caso...y preguntaba yo...¿el mosquito no vuela? ¿No puede ser que el foco esté en lo del vecino? ¿no es mejor hacer una fumigación general y simultánea?...cric cric, cric cric...
Desde que pude sentarme a la computadora no hice más que buscar todo tipo de información relacionada con el dengue, desde métodos naturales para hacerse menos apetitoso a estos insectos hasta consecuencias de futuros contagios y formas de infección. El fumigador no se libró de mi acoso, me encargué de perseguirlo durante toda su recorrida e interrogarlo con cuanta duda se me cruzaba por la cabeza a lo que respondió gustoso y contento porque compartía con alguien su monótono trabajo. Descubrí que efectivamente, los médicos con los que me había cruzado y a los que había obligado -ante su desconcierto- a contestarme miles de preguntas durante mi internación, no tenían la información suficiente, no sé si porque nunca tuvieron nada que responder o porque -como la mayoría de la gente a la que preguntaba en la calle- pensaban que “Es época de dengue. Es normal que pase”. En general no se toman medidas preventivas en los hogares, cada casa mantiene la pila llena de agua y no siempre se respeta la limpieza de la abundante vegetación de las zonas húmedas. La gente piensa que simplemente es la época, que es normal infectarse y hay cierta pasividad en el asunto. Ni siquiera los supermercados tienen la cantidad suficiente de insecticidas para combatirlos, por lo que era muy fácil encontrar las góndolas sin este producto a la venta.
En mi papel de enfermera me encargué de hacer que Félix y Rakel comieran ajo casi todos los días, alimentos ricos en hierro y mucha limonada y suero. Como todavía no había mucha confianza no se quejaron, aunque todavía hoy me pregunto (no sin reírme bastante) si realmente se metían en su cuerpo todo lo que les daba. Sí pude comprobar que Luciano lo hacía, ya que controlaba que ingiriera abundantes ajos, jugos de hoja de papaya machacada, litros y litros de suero y limonada, se llenara de repelente, no durmiera sin un mosquitero encima, etc. Reconozco que había en mí bastante de paranoia, no descansaba hasta no matar a cualquier mosquito que rondara cerca, no nos estábamos sin ponernos repelente, el mosquitero había pasado a ser más importante que el ventilador a pesar de los 40 grados diarios y me negaba a usar ropa muy colorida desde que había leído que el color los atraía...Lo cierto es que desde esa época adopté como medicina al ajo y me ha dado resultados maravillosos, hoy soy una fiel defensora de sus propiedades naturales. Lo importante es que Nahuel fue el único que no se infectó en la casa, por lo que estoy ampliamente agradecida al universo, la naturaleza, a él mismo y hasta a los mosquitos.
En esas estábamos, pero nada nos impidió festejar mi cumpleaños ni el primer año de viaje. 
cumple 37

festejo 1 año de pedal septiembre 2010


















Con el debilitamiento físico causado por el dengue vino aparejado el debilitamiento moral y las opiniones de los otros me influyeron más que de costumbre: todo diagnóstico con respecto a nuestro paso por Honduras y Salvador era desastroso. A pesar de saber que efectivamente en general la gente ve en la persona del país vecino a su peor enemigo, el temor se apoderó de mí y me tenía como paralizada. Obviamente empezaron los roces y discusiones entre Luciano y yo, no siempre es fácil respetar los tiempos y estados interiores del otro, ni comprenderlos. Decidí no obligarme a hacer nada que me provocara sentimientos negativos ya que el viaje tenía otro sentido completamente distinto: no viajaría en bicicleta por el momento aunque eso implicara separarnos por un tiempo. Las lluvias en León eran interminables. Y lo mismo ocurría en distintos puntos del país. Días antes de nuestra fecha de partida empezaron los problemas en las carreteras: puentes derrumbados, deslaves, desbordes de ríos, carreteras cortadas...De modo que este hecho complicaba la salida pero simplificó el conflicto que teníamos y unificó criterios: debido al deterioro de nuestro estado físico, las lluvias interminables y el pronto vencimiento de nuestro pasaporte (Guatemala, Nicaragua, Honduras y Salvador se considera como una sola región para el turista y dan sólo 3 meses para permanecer en los cuatro países, lo que complica ampliamente el paso de viajeros como nosotros) decidimos tomarnos un bus hasta Guatemala. 

Ahí empezaba otra lucha distinta. Ningún bus aceptaba llevarnos con la cantidad de equipaje que teníamos, sólo uno aceptó pero nos cobraba dos dólares por kilo y eso era una locura ya que tenemos como 100 kg en total. Gracias a Félix logramos dar con un bus de parrilla, que son como los interurbanos, que viajaba todas las semanas hasta Guatemala levando a gente que iba a comprar cosas para vender y lo mejor era que no paraba en el camino. 
en el bus
Claro que no poca gente nos tiró mala onda al respecto diciéndonos que nos asaltarían en el camino pero lo cierto es que el viaje fue divertido, muy tranquilo, directo y el chofer nos simplificó el paso por todas las aduanas, excepto en Salvador donde nos bajaron con todos los bolsos e hicieron que perros drogados nos inspeccionaran. Ese episodio no dejó de hacernos sonreír ya que al hacernos abrir las maletas y encontrarse con todo embolsado y ver que de cada bolsa salía un casco con antena o un par de guantes blancos o unas máscaras, etc hubo que explicar para qué servían cada cosa y el poli quedó mareado y bastante confundido. Creo que nos hacía abrir las bolsas más por curiosidad que por otra cosa. Pasamos sin problemas. Llegamos a Guatemala antes de que abrieran las fronteras así que nos hicimos una siesta de dos horas y a seguir.
Durante todo el viaje pensamos en los amigos que dejábamos atrás y de los que nos había costado mucho despedirnos. Rakel y Félix, dos personas sensibles, alegres y con mucho para dar.




 


 

lunes, 27 de septiembre de 2010

Impresiones generales de Nicaragua

              El andar viajero que buscamos se aprende de tanto hacerse, de modo que fue en Nicaragua donde empezamos a indagar y reflexionar un poco más allá de lo superficial del que siempre está de paso. 
       La manera de mirar se aprende. Esto es lo que intentamos perfeccionar a diario, ya que hay que desprenderse de los preconceptos, de lo adquirido y esperado para poder recibir lo que viene con gratitud y una actitud abierta al aprendizaje continuo.

        Nuestras reflexiones se desprenden de nuestras vivencias y son absolutamente personales, sin pretensión de absoluto sino cargadas de emociones, sinceridad y de la sencilla inquietud de compartir lo que nos pasa...











NICARAGUA
SEGUNDA ETAPA


     
 La gente de Nicaragua es muy cálida y generosa, a veces algo introvertida, pero si siente que puede ayudar no se priva de dar su amistad y abre fácilmente las puertas de su casa y las de su corazón.
    Es un país de tradiciones que se siente orgulloso de su folklore: le gusta mostrarlo y compartirlo. En las casas no falta la mecedora que invita a sentarse y compartir una charla entre amigos o un momento de introspección silenciosa.


La tierra es generosa y muy rica. La naturaleza deslumbra con sus bellos y variados paisajes, los volcanes y el lago -al que ya no se lo respeta como antaño- no han perdido su carga de misticismo y de leyendas.
    
    
 Creo que cualquier persona en otra tierra percibe con mayor facilidad lo diferente. Nuestras impresiones parten de lo que nos ha llamado más la atención y no pretenden ser más que eso: una mirada.




¿En qué hablan?
Que qué extraño que hablemos tan bien el español... porque a otros gringos no se les entiende ni papa.
Que si hablamos chino.
Que cantemos el “Feliz cumpleaños” en nuestro idioma.
Que si hablamos español y con un acento distinto del centroamericano somos españoles: de fijo.
(Basado en frases y conversaciones y experiencias reales que hemos sostenido tanto en Costa Rica como en Nicaragua)


Al principio, sobre todo, nos chocaba que nos dijeran gringos o se acercaran hablándonos en inglés. No sólo porque no manejamos ni un poco ese idioma sino porque nos sentíamos insultados, excluidos como latinoamericanos. Nos surgía la inmensa necesidad de identificarnos por lo que somos: sudamericanos.
         Con el tiempo nos acostumbramos y fuimos queriendo entender en qué se basaban las clasificaciones. ¿Qué es ser gringo en estos países? En principio nada bueno, como creo que ocurre en cualquier parte de Latinoamérica. Pero la pregunta es: ¿por qué semejante confusión cuando no hablamos ni nos vestimos ni vivimos ni comemos ni viajamos como gringos?  Las respuestas halladas hasta el momento son varias (posiblemente no las únicas):
-el color de la piel (somos un poco más claros que la mayoría)
 -nos vestimos diferente (todavía usamos las 3 pilchas que nos trajimos de  Argentina)
-hablamos con otro acento (el español tiene una generosa cantidad de dialectos)
        -no somos del lugar
En resumen: somos extranjeros.
  
      
Percibimos que para el común de la gente todo extranjero es sinónimo de gringo. Y cuando nos escuchan hablar y se dan cuenta que manejamos el idioma, entonces somos españoles.
Argentina puede resultar familiar porque adoran a Messi pero muchos no saben dónde queda ni qué idioma se habla allí. Entonces empiezan nuestras mínimas lecciones de geografía y cultura general. La mayoría es gente que no ha salido de su país y piensa que fuera de Centroamérica y Méjico, sólo los españoles hablan español.
Identificarnos como quienes somos, al principio era cuestión de reivindicación, de orgullo latino. Ahora es para facilitar la comunicación, ya que la gente se abre más, se interesa en conocer sobre nosotros y nuestra cultura y se genera cierta identificación al hablar de la realidad de nuestro país, tan tercermundista como éste. Hubo gente que se mostró contenta al descubrir que no sólo en Nicaragua existe pobreza y corrupción.
Por otro lado, nos sirve para sacarnos de encima a los oportunistas que encubren interés con simpatía, siempre listos para sacar provecho del ingenuo o distraído. Si se acercan hablando inglés  les explicamos que no podemos conversar con ellos porque no entendemos esa lengua (es muy divertido ver su desconcierto) y cuando comprenden que no tenemos más de lo que ven, se alejan sin saludar siquiera.
         
    
A veces tengo la impresión que en nuestras tierras latinas el desprecio al gringo es lo que nos identifica...triste manera de construir la identidad... Pero lo aceptamos si conviene, claro.
Tanto en Costa Rica como en Nicaragua hay mucha influencia gringa, mal que les pese. Creo que en Nicaragua el rechazo explícito es mayor por una cuestión histórica más reciente: el gringo fue el enemigo de la revolución, es cierto...o uno de los enemigos al menos, y al fortalecer ese lugar Nicaragua toda puede unirse en un odio que salva distancias. Pero es triste ver cómo ese odio es utilizado como bandera política por una clase dirigente que intenta redimir sus fracasos o traiciones revolucionarias haciéndolo responsable y transformándolo en un fantasma liberal. El gringo o los poderosos de por allá arriba, mejor dicho, son los nuevos colonizadores, cómo negarlo. Pero aquí se los convierte en responsables de la miseria del pueblo, en los restos de un tiempo pre-revolucionario que no se ha logrado todavía restaurar. Eso permite al oficialismo gritar a los cuatro vientos que la tarea de la revolución no ha concluido, justificando así la necesidad inminente de una pronta reelección...
 El oficialismo alimenta el odio al gringo y se apropia del discurso revolucionario, eso le permite desviar las miradas de la dura realidad de un pueblo que se ve obligado a emigrar escapando de la miseria o a rentar la poca tierra que le queda (y que no puede trabajar) a empresas gringas o europeas que siguen sacando su tajada. Realidad altamente contrastante con la de una clase dirigente revolucionaria que se ha enriquecido vergonzosamente en esta patria “cristiana, socialista y solidaria”.


tarde en el parque

tarde de folklore







Costumbres o qué sé yo...

Que no nos enfermamos por bañarnos de noche... ni después de la siesta... ni después ni antes de comer... ni cuando hace calor...o frío...o nieva o truena o...tampoco, señora, no. Nos enfermamos, sí, pero por otras cosas.

Que tampoco nos enfermamos por comer cuando nos levantamos de la siesta, déjeme merendar mi fruta, por favor.

Mi compañero no es drogadicto por no usar camisa, es que hace 40º a la sombra y con tanto pelo en pecho el pobre sufre sofocón...

Que el niño no será rebelde cuando crezca por no usar camisa y estar descalzo en pleno verano, señora, no. Si lo visto se brota todo, déjelo que disfrute de la libertad de sentir el aire sobre la piel...es lindo, ¿no?

No decida por mí la alimentación de mi hijo, por favor...ni la mía tampoco... Si vinimos hasta acá en bici y sin enfermarnos...nuestra dieta tan mala no debe ser...

El niño no reconoce las figuras de su religión, señor, señora, no espere de él respuestas que no dará.  Y no le diga, por favor, que Dios lo castigará y el pastor se enojará para que obedezca...no, tampoco le diga que se lo comerá el gato. Apostamos por un camino alejado del temor. Si le da razones lógicas verá cómo cambia su conducta (no subestime su inteligencia ni la de otro niño, son seres pequeños pero inmensamente sabios).

A veces cansa explicar tanto nuestra cultura y lo que somos...Queremos aprender a no cuestionar la ajena para poder entender mejor la diferencia.

(Basado en frases y conversaciones y experiencias reales que hemos sostenido tanto en Costa Rica como en Nicaragua) 







Alimentación, salud:
 La alimentación se basa en fritos. Lo que más hemos visto comer a la gente es arroz, frijoles, plátanos, cuajada y tortilla. 
 En Costa Rica hemos visto que la tierra tiene una riqueza enorme y muchas veces no se la valora; en Nicaragua, da la sensación que no se la aprovecha. Pareciera que no se animan a combinaciones nuevas ni a explorar las variantes que da la tierra.




tarde de nacatamales
tarde de frijoles





Tenemos la impresión de que la gente no sólo no come acorde a las bondades de la tierra sino que tampoco se viste acorde a las latitudes. Sufrimos calor viendo cómo los niños son encajados en gruesos pantalones de jeans y zapatos de cuero cerrados. Los bebés son expuestos a las mangas largas, medias (o calcetines) y mantas. Los niños no tienen permitido andar sin camisa o remera y las niñas menos, por ser niñas...Hemos escuchado que en los niños es por una cuestión de elegancia y en los bebés para protegerlos del mal de ojo, pero ignoramos si siempre esa es la razón. Hombres y mujeres usan mucho jeans y nylon, cuesta conseguir pantalones de tela liviana en tiendas comunes y mercados, tampoco se ve gente de cortos, por ejemplo. En el mar se bañan vestidos, el cuerpo parece ser tabú.

Se gasta mucho en farmacias...nos sorprende la cantidad que hemos visto tanto aquí como en Costa Rica, a veces hasta 4 por cuadra. Nos ha llamado la atención la dentadura de la gente: niños con dientes enchapados, comidos por las caries a la temprana edad de 3 años... Nos ha sorprendido también el alto consumo de gaseosas y embasados.
       
         El aborto terapéutico se prohibió luego de la revolución porque había que amigarse con la iglesia...”tranquilos -se les dijo- es hasta que todo se calme un poco...” . Todavía sigue la prohibición con pena de cárcel a la mujer que decida hacerlo (por sus propios medios o con asistencia) y al médico que se atreva a practicarlo. Cabe aclarar que el aborto terapéutico se trata de una intervención que se considera necesaria en favor de la vida: cuando la vida de la madre corre peligro (muchas veces éstas sufren enfermedades terminales), a veces con el agravante de la certeza de la muerte del bebé y en casos de incesto y/o niñas violadas. Esto ha incrementado considerablemente la muerte de mujeres embarazadas o en el momento de dar a luz.

       
        Hay gran escasez de agua y poca consciencia al respecto. Al principio la pedíamos con vergüenza, hasta que nos cansamos de ver el derroche a pesar de que en gran cantidad de hogares nicaragüenses el corte de agua es una realidad diaria y en ciertas zonas hay una escasez dolorosa.







Un recortado vistazo a la realidad social:
        
       
          El campesino no puede vivir trabajando la tierra porque lo que debe invertir es más de lo que saca de ganancia. De modo que es frecuente que las nuevas generaciones se vayan a vivir a las ciudades o viajen a Costa Rica en busca de un futuro mejor. Con frecuencia la gente de campo opta por alquilar sus tierras a grandes empresas que les pagan miserias pero les resuelve en lo inmediato. El gran problema que está existiendo en zonas urbanas (por ejemplo las cercanas a la ciudad de León), es que hay empresas extranjeras que alquilan la tierra por 150 dólares la hectárea para sembrar maní: si a los dos o tres años no se varía el cultivo, la tierra queda inutilizada, el chacarero sin su limosna ni su terreno y el empresario con sus millones, lejos, impune, en busca de otro pobre que se contente con salvar el plato de arroz y frijoles del día. Hay gente que ignora el problema y otra que no, pero que decide someterse y ver en dos años cómo resolver el nuevo e inquietante problema que se le presentará...
       La revolución fue campesina...la promesa fue de repartición, igualdad y justicia... Me pregunto dónde quedó la fuerza y convicción del reclamo y la protesta...
   Otra vez la vieja historia: líderes revolucionarios enriquecidos e incapaces de respetar la libertad y las promesas por las que tanta gente dio su vida.

   
Hay marcadas diferencias entre estratos sociales y no me refiero sólo a la obviedad del poder adquisitivo sino a una diferencia de trato, por así decirlo. Hemos presenciado diversas situaciones en las que gente que se sabe con acceso a determinados niveles de consumo y de cultura trata a los que no los tienen con displicencia. Ambos sectores marcan la diferencia cristalizando sus respectivos lugares, cristalización que determinará relaciones, posibilidades, logros y frustraciones.
   Creo que por eso, el que podamos nosotros transitar impunemente tanto en uno como en otro espacio  (dependiendo del disfraz que nuestro ángel del momento traiga, de los espacios que se nos abran y de lo que el universo nos depare) crea confusión, curiosidad, desconcierto y hasta incredulidad en mucha gente. No pocas veces los de esferas altas nos ven como indigentes y los de las bajas nos ven como gringos ricos disfrazados. En cuanto nos ven de más cerca se dan cuenta que no somos ni una ni otra cosa, entonces viene la difícil tarea de encontrar un rótulo que nos etiquete:
          ¿quiénes son?, ¿por qué viajan?, ¿por qué viven así?, ¿qué los motiva?, ¿qué pasa con sus familias?, ¿y ese niño?...¡ pobrecito!     
Pero...
         ¿por qué se los ve tan felices?, ¿cómo están tan sanos?, ¿por qué el niño no se enferma?, ¿cómo sabe tantas cosas , por qué es tan independiente?, ¿cómo no tienen miedo?, ¿cómo viven sin tv ni celular ni casa ni auto ni...? Y tantos felices etcéteras.
    Ahí empieza el comienzo de las relaciones verdaderas: cuando uno pregunta y espera (realmente espera) la respuesta, empiezan a vislumbrarse las posibilidades de un conocimiento más auténtico.




La familia.

     Las mujeres, sobre todo, que son las que se permiten opinar sobre el vivir cotidiano y en muchos casos, lamentablemente, sobre nada más, quedan sorprendidas por nuestras formas primero y luego se obsesionan con cambiarlas e imponernos las propias...
     En algunos casos pretenden, al menos, “salvar” a nuestro niño, acostumbradas como están a intervenir en las vidas de sus hijos y de sus nietos, olvidando que nosotros no tenemos con ellas ni pretendemos ninguno de esos parentescos...
      No pocas veces nos han preguntado por qué motivo no hemos dejado al niño con sus abuelos, previendo de ante mano una mala relación con ellos o imaginando a ancianitos decrépitos incapaces de hacerse cargo de un nieto o incluso pensando que ya no existen, y a veces les ha costado unos minutos de inmovilidad antes de reaccionar ante la respuesta: “Porque este viaje es por él y para él, porque no se nos pasa siquiera por la cabeza ...”. Al principio nos resultaba muy duro tener que soportar que se relacionaran con nuestro hijo conmovidos por la lástima, hoy sabemos que Nahuel se encarga por sí mismo de darles lecciones de vida y disfrutamos esperando la maduración de ese proceso: la lástima va tornándose en sorpresa y termina convirtiéndose en admiración y respeto. No hay maestros tan sabios y eficaces como los niños quienes, al no tener, naturalmente estructuras, rompen con las que encuentran al paso ante la mínima oportunidad.

     Los matrimonios se concretan a muy temprana edad, muchas mujeres son madres en la adolescencia. La inclinación sexual de una persona de 30 años sin hijos pasa a ser sospechosa, se la  convierte en gay o lesbiana aunque tenga pareja heterosexual. No está permitido decir que los hijos no forman parte del proyecto de vida.
     No está bien visto que una persona joven y mayor de edad decida hacer su vida fuera de la casa de sus padres, muchas veces la familia no lo entiende y castiga ese deseo de independencia. Los padres  se imponen en las decisiones de sus hijos sin importar la edad ni el estado civil que estos tengan.
   Es un país de dos madres: la biológica y la de crianza. Es moneda corriente encontrar generaciones  de hijos criados por abuelos que tampoco han criado a sus propios hijos.
   



Algunos de los problemas sociales más evidentes:

     Existe mucha violencia familiar. Muchas niñas y adolescentes violadas y embarazadas, la violación incluso existe dentro del matrimonio también. Hemos conocido a mujeres que están convencidas que el hombre nica “es así”, que “Tiene todos los vicios pero es un hombre bueno”, “Me pega pero nunca me hace faltar de comer” y tantos etcéteras. El feminicidio a manos de esposos, amantes, novios o ex parejas es tan frecuente que alarma, y da escalofríos escuchar justificativos como “Se  me metió el diablo adentro” ,”No sé qué me pasó”, “Ella me provocó”, “Me puse fogoso” , “Estaba tomado”, “Hay que domar a la mujer” , “Le pego porque la quiero”  y tantísimos argumentos inconsistentes avalados por la opinión popular y por medios de comunicación.
      El problema de género es muy grave en esta sociedad, el patrón se repite en la familia, la escuela, la universidad, el trabajo, la política, la iglesia...Es casi una norma social pero, felizmente, otras instituciones -amparadas en general por organizaciones extranjeras- están intentando revertir trabajando con mujeres, jóvenes, adolescentes y niñas y, lamentablemente, en menor medida con varones.

    El alcoholismo es otro problema serio y generalizado, no importa el nivel de educación ni económico. Una vez escuché decir a un nica, con tristeza,  “El nuestro es un país de borrachos”...y ningún otro nicaragüense presente lo contradijo.

      La sumisión alarma. A pesar de que hace pocos años atrás fue un pueblo de armas tomar, hoy es silencioso y contemplativo. Sus derechos son aplastados desde los choferes y copilotos de buses que cobran lo que quieren, según la hora y la portación de rostro, que tocan el culo de las mujeres que consideran digno de ser tocado mientras las “ayudan” a subir a vehículo (no es metáfora); hasta el gobierno que utiliza el pasado revolucionario para mantener el status quo, castiga la crítica o protesta, la manifestación de descontento, el pensar diferente... 



Pero también hemos tenido la suerte de conocer a personas con gran lucidez mental que luchan por sus derechos identitarios y agrupaciones que unidas defienden la diversidad sexual, el aborto terapéutico, la igualdad de género, la justicia... con las que nos solidarizamos y a quienes les deseamos el éxito que se merecen.

La religión
    Tarde o temprano llega la temida e inevitable pregunta: “Y ustedes, ¿de qué religión son?”. No se acepta una respuesta vaga y menos aún la negación de la existencia de Dios. Cuando esto se presiente, acontece una lluvia de afirmaciones y, en el mejor de los casos, una prédica que nos obliga a decir que Dios existe y que creemos y nos encomendamos a él.


Nos asombra considerablemente cuando esto sucede en el contexto de una institución pública, por ejemplo. Tuvimos una experiencia particular en el hospital de León (afortunadamente, el único que conocimos desde adentro) . Claro, no es fácil ignorar los altares con Vírgenes que existen en cada piso, de hecho es muy llamativo y hasta bastante inquietante. Pero nos ha sorprendido considerablemente escuchar diálogos entre médico y paciente como el siguiente:

         paciente:-Cómo tengo el azúcar, doctor.
         médico-Salió bien, señora.
         paciente-Gracias a Dios.
         médico-¡Gloria a Dios! ¡Gracias a Dios!
  Y acto seguido el paciente se va sin recomendaciones nutricionales o científicas de cómo debe cuidarse para que el azúcar en sangre -gracias  al proceder individual responsable y a Dios, si se quiere-, no suba.

 Todo esto nos sorprende pero se comprende en el marco de una sociedad altamente religiosa (la religión se impone desde las diversas instituciones incluyendo la política, por supuesto, ya que el gobierno actual se identifica como “cristiano, socialista y solidario”...). Pero de ahí a que en el cuestionario de admisión del hospital, por ejemplo, o en uno de los miles de cuestionarios inconsistentes a los que te exponen los practicantes que infectan los pasillos, te obliguen a decir que creés en Dios, hay una diferencia... Digo que te obligan porque hasta no obtener una respuesta satisfactoria no pasan a la siguiente pregunta.


Hay mucha cerrazón a aceptar lo diferente, a veces por prejuicio, otras por ignorancia o desconocimiento. En general se trata de gente que nunca ha salido de su país y muchas veces ni siquiera de su ciudad o pueblo y cree que el mundo es como se lo ha imaginado, es decir, igual al  propio.

    Los seres humanos en general nos movemos entre prejuicios y mitos y nos sentimos seguros al negar otras formas posibles de vida: abrir el panorama implica aceptar la posibilidad de otras opciones , abrir las puertas a la inseguridad, arriesgarse a que certezas ficticias se resquebrajen y se conviertan en repeticiones incansables que se mantienen en pie simplemente por no habernos tomado la molestia de preguntar: “¿ y por qué?”

   Muchas veces, las situaciones que hemos vivido quedan ilustradas en un cuento que sigue dándonos la respuesta ,y que dice así:



“Había una vez, una joven que cocinaba bajo la mirada atenta de su hermanita menor el plato del día: salchichón.

La joven puso al fuego una cacerola con agua y cuando ésta rompió en hervor, tomó cuidadosamente un hermoso salchichón que colocó sobre la mesa de madera. Afiló cuidadosamente el cuchillo y se dispuso a cortar simétricamente ambas puntas del embutido con una precisión asombrosa. Una vez amputado el alimento, lo dejó caer sobre el agua hirviendo.

La niña, que no había perdido detalle, preguntó:

-¿Por qué cortás las puntas del salchichón?
-Pues...porque así me lo ha enseñado nuestra madre- contestó la mayor.

La joven, sorprendida, nunca se había preguntado algo semejante, y no sólo no pudo satisfacer la curiosidad de la niña, sino que ahora la duda la habitaba a ella misma. De modo que se dirigió a su madre con la misma pregunta que su hermana le había hecho y grande fue su sorpresa cuando su madre respondió:

-Porque así me lo ha enseñado mi madre.

Hijas y madre se dirigieron a la madre de esta última para interrogarla acerca de este accionar. La anciana, levantó la vista del tejido, y tras una breve pausa, respondió:

-Pues...qué pregunta es ésa...porque así me lo ha enseñado mi propia madre.

Todas las mujeres se dirigieron, curiosas, ante la más vieja y le preguntaron, ansiosas:

-¿Por qué motivo has dicho que al salchichón deben de cortársele los extremos para ponerlo a cocinar?

La anciana, sorprendida ante la visita tumultuosa de su descendencia, escuchó con seriedad el planteo. Levantó silenciosa la mirada hacia el cielo, y luego de unos instantes, respondió:

-Pues...porque no entra entero en mi pequeña cacerola.